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LOS EJES DEL LARGO PLAZO

Por Marco Lavagna -Diputado Nacional (CABA)- Frente Renovador

El pasado 25 de octubre la Argentina no sólo definió la elección de un nuevo Presidente y la cristalización de un nuevo rumbo. También se redefinió el rol que todas las instituciones –en especial el Congreso- tendrán de cara a la nueva etapa que comenzó; período que, como vimos hasta ahora, tiene muchos desafíos por delante.

Ahora bien, a la hora de hablar de estos desafíos, solemos caer en la “trampa de la coyuntura”; si bien no es para menos (caída en la actividad, casi 20% de inflación en 4 meses, tensiones en el mercado laboral) siempre es útil reafirmar nuestro norte y evitar que el árbol tape el bosque.
Por esta razón, voy a aprovechar estas líneas para intentar disipar la neblina del corto plazo y conceptualizar los ejes rectores sobre los cuales concentraré todos mis esfuerzos, esperando que ayuden a clarificar la dirección que tendrán todas mis propuestas, dado el rol institucional que me confió la sociedad.

Yo estoy convencido del potencial de la Argentina, y es no sólo nuestro deseo sino nuestra obligación materializarlo, pero somos conscientes que el camino hacia la realización de ese potencial no será fácil. Y los desafíos y desequilibrios que día a día enfrentaremos garantizan una agenda vertiginosa y multivariada, de la cual debemos intentar extraer el “hilo común” que orienta las decisiones. En este sentido, mis esfuerzos estarán guiados por tres ejes, que no pueden pensarse por separado: el eje productivo, el eje social y el eje institucional.

Acentúo en primer lugar y con mucha intensidad el eje productivo, porque a él indefectiblemente se asocia la posibilidad de crear trabajo de calidad: sólo con más producción habrá más trabajo. Y la fuente laboral no solamente es la vía de superación personal y de dignidad de las personas, sino que constituye el principal medio de integración social. El acceso al trabajo no sólo permite salir de la pobreza eliminando toda dependencia, sino que también alrededor de la labor se construyen los mecanismos de administración de riesgos sociales (enfermedad, vejez, invalidez, etc.) y se lubrica todo proceso de movilidad social ascendente.

En este sentido, la Argentina necesita hacia adelante remover todas las trabas que hoy entorpecen innecesariamente la producción y la inversión (en especial de las PyMES), reducir las enormes asimetrías regionales (permitiendo la federalización del eje productivo) y fomentar la competitividad sistémica (reduciendo la dependencia de las devaluaciones y de los precios de los commodities).

Con este norte, debemos proponernos cumplir metas fructíferas: aumentar la tasa de inversión productiva, sostener el consumo interno, incrementar el valor agregado de nuestras exportaciones, expandir las líneas de crédito productiva, diseñar una estructura tributaria que diferencie inversión de especulación, y Pymes de grandes empresas, entre otras.

Resulta claro que poniendo énfasis en el eje productivo la Argentina se acercará a su potencial. Sin embargo, ni este proceso generará resultados de la noche a la mañana, ni creemos en la “Teoría del Derrame”, máxime cuando nuestro punto de partida es una pobreza estructural de al menos un cuarto de la población (con mecanismos activados de reproducción intergeneracional) y el mercado laboral muestra una segmentación persistente que acentúa la desigualdad.

Por estas razones, considero que el eje social también debe cortar transversalmente la orientación de nuestros esfuerzos: tenemos que poner a la dignidad de las personas como norte de todas nuestras acciones y lograr la inclusión definitiva; desde todos los ámbitos institucionales tenemos que adoptar entonces todas las medidas necesarias que fomenten la integración social.

En este sentido, concentraremos los esfuerzos en lograr que los programas sociales sean un mecanismo que fortalezca el capital humano (que sirvan de “puente” a la formalidad), que el sistema educativo sea un factor de igualación -y no de segmentación-, que la estructura tributaria sea realmente progresiva, y que el sistema de seguridad social garantice sustentablemente una vejez digna.

Como puede verse, con el trabajo como centro, el eje productivo y el eje social no pueden pensarse separadamente. Pero este esquema conceptual es casi imposible de concebir si no añadimos el eje institucional. Y esto es básico porque sin un entramado institucional sólido no habrá inversión productiva o integración social. En otras palabras, sin reglas de juego no hay largo plazo posible.

De hecho, en el Ranking del World Economic Forum, la Argentina figura en el puesto 106º de 140 países. En buena medida por la calidad de sus instituciones (135º). Asimismo, la inestabilidad institucional y de reglas de juego fue un factor determinante a la hora de explicar que en los últimos 40 años el crecimiento argentino fue 20% inferior al regional (con el triple de volatilidad), lesionando la dinámica del mercado laboral: en 1974 el desempleo no superaba el 5% y la informalidad se ubicaba por debajo del 20%; en 2015, estos guarismos prácticamente se duplicaron.

Por esta razón, nuestras acciones estarán guiadas por esta necesidad de tener reglas de juego claras y estables, que emanen de un Estado que no entorpezca la producción (pero que no brille por su ausencia) y que tenga capacidad operativa para resolver los asuntos pendientes de la agenda pública.

Sobre este “trípode” productivo-social-institucional la Argentina podrá finalmente abandonar la ciclotimia que la caracterizó en el último lustro para concentrarse no sólo ya en solucionar sus temas pendientes de larga data sino ya en cómo aprovechar su indudable potencial. Estos ejes rectores, no deben centrarse únicamente en las medidas de largo plazo sino que deben también alinearse con la coyuntura, dado que lo que se haga hoy también impactará en el futuro. Cabe recordar que una película es la unión de muchas fotos.

Como dije anteriormente, éste es mi deseo, pero es también nuestra obligación; cada oportunidad de desarrollo perdida no es sólo un registro, es calidad de vida de millones de argentinos, que esta vez no pueden seguir esperando.