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Desafíos para la Educación en el Bicentenario

PUNTOS DE PARTIDA PARA UNA MEJOR EDUCACIÓN

Por Gastón O ´Donnell – Rector de Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES)

Desde hace un buen tiempo, puede entenderse que existe un consenso generalizado en que la educación es la base del progreso de las sociedades. Existe una opinión frecuente al respecto que establece que entre las condiciones necesarias para el desarrollo de la ciudadanía no puede faltar la Educación como tema a abordar de modo primordial.
Son múltiples las razones que nos llevan a ello, pero quizá la que explique con mayor amplitud este estado de cosas es la idea de que vivimos en la “Sociedad del Conocimiento”. Esto significa que, no solo las relaciones de producción, sino que todo aquello que signifique desarrollo humano, económico, social y político está atravesado por el concepto de conocimiento arraigado a la temática que nos ocupe. La humanidad ha dejado atrás la época en que la tierra era el factor principal de crecimiento y se vivía en una economía agropecuaria. También se ha superado la Era de la Industria como factor excluyente de desarrollo a partir de la producción en masa o en serie. Hoy el desarrollo de la población en todos sus aspectos se hace a partir de la incorporación de conocimientos no solo a los bienes y servicios que consumimos, si no a la edificación de todos los pilares en que se basa la sociedad.

De este modo, la educación juega un papel fundamental. Reflexionar sobre ella exige un abordaje cuidadoso y analítico, debiendo discernir sobre los diferentes niveles educativos y las distintas modalidades por las que se imparte instrumentación en la enseñanza. Asimismo, se debe prestar atención a los diferentes desarrollos regionales y a las economías que se encuentran en las diversas zonas del país.

Para un mejor orden expositivo, es conveniente dividir estos “apuntes” siguiendo una disposición de los distintos niveles de educación. Se debe hacer la salvedad que la pretensión que aquí se tiene es simplemente fijar ciertos puntos de partida para construir una agenda en materia de enseñanza. No se pretende, ni mucho menos, agotar el tema que es muy vasto. Sino, buscar y consensuar aquellos puntos que debemos atender si se examina desarrollar un mejor sistema educativo.

Está visto que, dada la experiencia reciente, mejorar el presupuesto en materia de educación por sí solo no asegura la prosperidad del rendimiento de nuestros alumnos. Si convenimos que el eje del programa educacional se debe comprender entre los estudiantes y el rol de los docentes debe ocupar un lugar preponderante en este sistema para lograr un mejor desarrollo, se tiene que ser muy cuidadoso a la hora de la inversión de los recursos públicos. Además, el óptimo aprovechamiento de cada peso que se invierta en este pilar de enseñanza, se debe concretar de la forma más correcta. El secreto parece estar no sólo en invertir más, sino en hacerlo mejor. Nuestro Nivel Inicial es probablemente el que cuente con mejor calidad docente. Sin embargo, no está desarrollado de modo igualitario en todo el país.

Ya dejó de ser secreto la falta de jardines de infantes y de docentes en esta escala. Por eso, una de las prioridades debe ser la de fomentar centros educativos de primera edad de modo sostenido y semejante a nivel nacional. Otro los ítems importantes debe hacer foco en la distribución conveniente de los recursos con los cuales se dispone y en relación asignar los incentivos para que estén en línea con estos objetivos.

La Educación Primaria se planteó históricamente en nuestro país como el instrumento para alfabetizar a la población. Luego de más de un siglo de la entrada en vigencia de la Ley 1420 de Enseñanza Gratuita, Laica y Obligatoria, puede decirse que esa meta fue medianamente alcanzada. No obstante, los requerimientos hoy son mayores que la simple alfabetización. Hoy se demanda que se comprendan textos, que se hagan operaciones fundamentales, que se aprenda una lengua extranjera y que los alumnos puedan hacer uso de las nuevas tecnologías. Muy lejos estamos si nos comparamos con los estándares internacionales de cumplir estos objetivos.

Esta situación se agrava aún más cuando nos referimos a la Escuela Media. El objetivo a lo largo de la Historia de este nivel educativo era formar a ciertas elites que luego transite la universidad y tomen un rol fundamental para ser parte de quienes lleven las riendas del país. Por lo tanto no tenían un gran despliegue territorial, pues los colegios nacionales estaban por lo general en capitales de algunas provincias y sólo tenían acceso a ellos las clases más acomodadas. Con el cambio de objetivos y la necesidad de brindar educación secundaria a toda la población, los establecimientos de enseñanza con los que se contaba no podían satisfacer la demanda presentada. Se suma a esto que el área de instrumentación técnica, que por momentos alcanzó gran brillo, fue herida de muerte durante los años en que se restó importancia al progreso productivo en general e industrial en particular.

Aquí, se debe refundar la estructura desde los docentes. Buscar una mejor selección, incentivar a que los mejores profesionales de este sector tengan grandes aspiraciones y que el uso de tecnologías se convierta en un hecho natural en la actividad áulica. En los niveles primarios y secundarios, se debe luchar además contra la deserción que alcanza números alarmantes. Además se debe combatir contra la idea de que la escuela es sólo un lugar de contención y de alimentación para sectores que muestran profundas carencias en estos aspectos. Modificar los incentivos se torna aquí imperioso.

Por último, se deben revisar las políticas universitarias a la luz de todos los conceptos anteriores. Con esas ausencias de formación, sobre todo acentuadas en el Nivel Medio, no es congruente la creación de un número indefinido de instituciones universitarias. Se debe fortalecer todo el sistema educativo en su conjunto. Y, luego de poner el énfasis en el Nivel Secundario, se debe buscar que se garantice la igualdad de oportunidades de modo tal que todo aquel que tenga aspiraciones a ir a la universidad, pueda asistir sin inconvenientes. Deben existir universidades que cubran territorialmente todo el país, pero que lleven una oferta programada y que atiendan las diferentes áreas de vacancia. La creación de nuevas casas de enseñanza superior que “pisan” carreras ya dictadas por otras en los mismos espacios geográficos y que sólo buscan originar una estructura, que en muchos casos se aleja de los objetivos académicos como se vio lamentablemente en los últimos años, lejos de fortalecer el sistema universitario, lo debilita.

Para plantearnos estos objetivos y buscar alcanzarlos, se necesita además un cambio cultural. Fundamentalmente se deben sincerar las metas, tomar en cuenta la experiencia altamente rica vivida en materia educativa y abandonar viejos paradigmas que han demostrado su fracaso una y otra vez.

Existe una oportunidad; y aprovechar el consenso social sobre la importancia de la educación debe impulsarnos a producir estos cambios.